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CUMPLIR 50 AÑOS

Cuando era pequeña, pensaba en las personas de 50 años como esas “abuelas” que acompañaban a sus nietos al parque o que iban a comprar a la tienda para enterarse del cotilleo del barrio.

Nunca era capaz de visionarme a mi misma con 50 años.

Pero un día llega. Casi sin pensar… vas y cumples 50.

50 siempre es la mitad. Del precio, del descuento, del tanto por ciento, siempre es la mitad…

He vivido más de la mitad de mi vida.

He vivido más de la mitad de las cosas que “debería vivir”.

Siempre se dice que la edad es un número y que verdaderamente serás o tendrás la edad que sientas. Pero luego la vida te dice: “¡¡qué tienes 50 años!!”

50 años en los que he sido persona: suena básico, pero a veces ser persona es lo único que podemos ser. Siento si he ofendido o tratado mal a alguien en cualquier etapa de mi vida, seguramente pensé que en ese momento era lo mejor que podía hacer. He vivido acorde a mis decisiones, circunstancias, valores, enseñanzas y aprendizajes. Creo ser una persona entusiasta, transparente y coherente. 

50 años en los que he sido mujer: conociendo a hombres increíbles en mi vida. Con sus grandes mentes, con sus circunstancias, con sus temores, con su buen humor y sobre todo con sus grandes dosis de amor y cariño hacía mi. Hoy, cada uno de ellos tiene su huella en mi corazón y en mis 50.

50 años en los que he sido nieta-hija: mi abuela me enseñó con su fortaleza, valor y su gran carácter a no depender de nada ni de nadie, pero sobre todo a ser buena persona. Ella me guía desde hace unos años en todas las decisiones que tomo, porque siempre fue una adelantada a su época. Siempre viva en mi corazón.

50 años en los que he sido sobrina-hija: sin ella mi vida no hubiera sido la mitad de lo que ha sido. Mi tia Milagros siempre ha estado conmigo desde que recuerdo, apoyando mis decisiones aunque no esté de acuerdo con ellas. La hemos modernizado tanto, que hasta a nosotros nos sorprende. Eres una parte de mi.

50 años en los que he sido hermana: desde la lejanía del Atlántico, una de las cosas que más he valorado es haber conseguido recuperar a mis hermanas. Conseguir que la palabra familia con prim@s, tí@s y sobrin@s tome otra dimensión, de estar más cerca que nunca. Que estemos cuando hay que estar, para consolar, amar, reír e incluso llorar. Grandes logros en mi libro de vida.

50 en los que he sido pareja: doy las gracias a mis dos grandes fracasos de parejas por darme los tres grandes motores de mi vida.  De haberme hecho superarme desde el dolor, desde el desdén, pero sobre todo desde el gran amor que les regalé a los dos sin pedirles nada a cambio. Yo fallé… pero aprendí.

50 años en los que he sido madre: esa faceta de la vida en la que nada es correcto, ni nada es perfecto. Y por supuesto, soy la madre más imperfecta del mundo. Nunca terminas de ser madre, lo eres desde el momento del nacimiento para siempre, en todo momento, en toda situación. Si cometes un error, no hay marcha atrás, estamos en perfecto aprendizaje, pero merece siempre la pena, porque un abrazo, una sonrisa e incluso un sueño reparador a su lado es la mejor de las recompensas. Los tres motores de mi vida.

50 años en los que he sido profesional: he estudiado, sigo estudiando y seguiré estudiando toda la vida porque dejar de hacerlo hará que me estanque. Soy una privilegiada en trabajar en lo que me gusta, disfrutar trabajando y me reconforta apostar por mi cada día. Mi trayectoria de más 25 años en el mundo profesional hace que tenga anécdotas de todo tipo, pero sobre todo que avalen mi trabajo de hoy. Reforzando mi profesión con coherencia.

50 años en los que he sido amiga: el sentido de la lealtad para mi es tan alto en la amistad, que por eso hay muchos amigos que se han quedado en el camino. He tenido amig@s de todo tipo, desde lo de la infancia, época de estudios, compañeros de trabajo, colaboradores, de las benditas redes sociales, etc… Cada uno me ha dejado un trocito en mi y otros me siguen acompañando para disfrutar de ellos.

Soy de amistades de muchos años, de esas personas que me aceptan y toleran como soy, de las que nos podemos decir las cosas a la cara sin pensar que se enfadará o que te lo recriminará. Mis grandes amigos hoy en día son personas con grandes corazones, con gran pensamiento tolerante y flexible del mundo y de la vida. Cada uno con su especial personalidad y su carácter forman parte de quién soy.

Y por último, sabes lo que te digo, la respuesta de la abuela mochilera: “tengo los años que me quedan por vivir, porque los otros ya no los tengo”.