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¡¡Qué vulnerable somos!!

Qué vulnerables somos… cuando perdemos nuestra cabeza, nuestra memoria, ese momento en el que nuestra mente es virgen y no recuerda quién eres ni quiénes son los de tu alrededor. Ese rollo de sensaciones, de vivencias, de lugares, de personas, de experiencias y de amores…

Qué vulnerables somos… Cuando alguna parte de nuestro cuerpo decide no hacerle caso al cerebro y vive independientemente del resto de los órganos, haciéndonos depender de otras personas para comer, para andar, para levantarte y para acostarte, para las cuestiones básicas que hoy no nos percatamos y que hacemos automáticamente.

Qué vulnerables somos… Cuando llegas a urgencias donde tu voluntad se siente minada, por las órdenes de desconocidos que velan por tu mejoría. Desconocidos sentados a tu lado, en camillas o en sillas de ruedas a tu alrededor, incluidos los que te sonríen, esos también son desconocidos. Y tú allí dependiendo de ellos, de lo que te dicen.

Qué vulnerables somos… Cuando estás postrad@ en una cama, con una mente que corre los mil metros más rápidos del mundo, pero que nadie se percata de ello porque solamente ven tu mirada moverse. Quisieras gritar pero no sale ni una nota de tu boca, pero tu mente sigue corriendo. Quisieras tocar pero solamente puedes fijar la mirada en los lugares a tocar para que interpreten tus deseos.

Qué vulnerables somos… Cuando de repente, te presentan a alguien, l@ miras a los ojos y te sonrojas, no sabes porque pero tu intuición ha dicho: “es@ es”. Qué maravilla de intuición que nos lleva por el camino de las locuras racionales. Esas veredas que puede que se queden en intentos de caminos o que se conviertan en grandes senderos.

Qué vulnerables somos… Cuando vemos un niño llorar o un anciano caerse, rápidamente nos despojamos de todos nuestros perjuicios y alzamos nuestras manos para ayudar. Aunque no nos den las gracias, nuestro propio instinto de protección y de supervivencia a la raza, hará que siempre vayamos a ayudar al más débil, incluso cuando seamos nosotros.

Qué vulnerables somos… Cuando en el acto más ceremonioso y privado nos entregamos a otra persona, traspasando nuestra energía y recogiendo la suya (eso lo leí en algún lugar y me encantó ese momento de intercambios de energías); por eso debemos ser selectivos en compartir esos momentos, porque también hay vampiros energéticos, y muchos.

Qué vulnerable somos… Cuando abrazamos a alguien, porque sentiremos su corazón y ese momento lo recordarás siempre. Busca siempre personas que sepan abrazar, porque te transportarán a otras sensaciones difíciles de reproducir. No te preocupes si no sabes, es una habilidad que se aprende con la repetición.

Qué vulnerables somos… Cuando besamos a otra persona. Ahí nos desnudamos estando vestidos. Nuestra alma sella un hermanamiento con esa persona, aunque no lleve a nada más. Hay besos que siempre se recuerdan, hay personas que son expertos en besar y hay otros que sencillamente, besan con el corazón.

Qué vulnerables somos… Cuando lloramos, ese momento de alegría o de miedo o de pena o de rabia, esas lágrimas que sacan tu verdadero yo hacia fuera. Es nuestra debilidad el llorar pero hay que hacerlo para eliminar bloqueos internos y dejar fluir nuestra energía hacia esa renovación.

Qué vulnerables somos… Cuando sencillamente somos. Personas de buen corazón, de buen compartir, de buen reír y de buen amar, porque repartiendo amor, disfrutarás de una vida plena hacia ti y hacia los demás.

Qué vulnerables somos… cada día, en cada momento, en cada instante… Ahora.

Espero vuestros comentarios sobre este contenido. Gracias por compartir.