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EL SHOCK DE QUE TE ROBEN EL MÓVIL

Si, has leído bien, «El Shock de que te roben el móvil», ese momento en el que te da vuelco el estómago porque no lo encuentras donde lo habías dejado, cuando revisas todo lo que has hecho hasta ese momento para verificar que debería estar ahí y … no está, esos duros minutos (escasos pero eternos en tu cabeza) en el que debes reconocer que te lo han robado.

Ese sudor frío, esa frustración, ese cabreo, esa impotencia, ese enfado contigo mismo, esa desazón que recorre tu cuerpo y esa sensación de desgana o resignación en la que ya reconoces lo que ha sucedido.

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Acto seguido, cuando ya has asumido el incidente, tu mente comienza a intentar recordar todo lo útil y relevante que tienes dentro: aplicaciones, documentos, fotografías, audios, conversaciones,  momentos personales, números, dibujos, etc…

Recuerda, piensa, vuelves a «fustigarte» por no haber estado lo suficientemente alerta, vuelves a pensar, recordar…

Llamas al operador, bloqueas el número; haces la denuncia, bloqueas el IMEI. Avisas al móvil, por si alguien lo encuentra. Intentas encontrarlo con las aplicaciones pertinentes. Por último, si todo lo anterior no funciona, envías el borrado de los datos.

Lo siguiente que hacemos es poder conectarte con las diversas aplicaciones para desactivarlas, cambiar contraseñas, mover de ubicaciones, crear enlaces nuevos, recuperar las copias de seguridad, etc…

Después de todo ese «trajín»… vacío, impotencia, descontrol y vacío, otra vez.

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Si encima, te sucede cuando estás fuera de tu ciudad o de tu casa, no tienes otro terminal disponible ni capacidad de hacer un duplicado lo más rápido posible, más en shock todavía… A mi me pasó,  durante 3 días estuve sin mi número de móvil ni terminal, sentí desconcierto, sensación de estar relegada del mundo, apartada, desubicada.

Fui consciente de cuánto utilizo el móvil en mi vida diaria, y no hablo solamente de las aplicaciones sociales, que sí; hablo además de acciones tan sencillas como la alarma del despertador por la mañana, el saber la hora, o el ver un paisaje, algo curioso y no poder fotografiarlo. Leer las noticias a primera hora del día en Twitter, o mi reflexión de la noche en Instagram, de anotar mis tareas en mis listas o de escanear los tickets de mis gastos diarios, de felicitar los cumples en Facebook o de verificar las páginas de los clientes o contestar a los comentarios o mensajes directos enviados por los usuarios. Y luego las acciones más ordinarias como anotar en la agenda, leer los correos electrónicos, contestar a los twitts o leer los feeds en flipboard o feedly. Fui consciente de que mi vida está envuelta alrededor de un dispositivo móvil.

Cuando he vuelto a disponer de móvil, hubo un momento que al restaurar la aplicación de mensajería instantánea y comenzar a entrar todos los mensajes que no habían entrado durante esos tres días… sentí un estado de ansiedad durante unos 10 minutos, entonces recapacité y comencé a tomar medidas… como las de no instalar aquellas  aplicaciones que no son necesarias tener en el móvil ya que forman parte de mi trabajo. Me he desprendido de las notificaciones innecesarias, creando rutinas de verificación de la información cada cierto tiempo, pudiendo estar centrada en otras cosas sin que se vean interrumpidas por acciones «de distracción».

Llevo escasamente una semana, pero mi vida ha mejorado un 50%, ya les iré contado.

¿Cómo crees que te comportarías si te robaran el móvil? 

¿Qué crees que harías si te sucediera?